Mula Resiliente

“Resiliente”: noise hasta las vísceras

La nueva entrega del proyecto colombiano Mula es una exploración del ruido, llevándolo por varios caminos destinados a la emoción


“Hija” y “Siete” asomaron por dónde venía la tercera producción de Mula: “Resiliente”. Noise al desnudo, abrasivo, constructor de estados emocionales a partir del contrapunteo estridente y distorsionado entre guitarra y batería. Se oyen voces humanas y de animales, chirridos, ráfagas; ambientes depresivos, angustiantes, de incertidumbre o pensativos. Quizás hasta nos imaginamos atmósferas, situaciones o más ruidos.

Es un disco que invita a detenerse en cada una de sus siete piezas. ¿Y qué es lo que las une? El bajista Santiago Botero tiene la respuesta: “Lo visceral. La idea de hacer un disco de noise, que fuera más una experiencia sonora que hacer canciones. Luego vinieron los temas, ideas simples o detonantes para improvisar. Después, la producción, allí salieron otros elementos. En la mezcla, Benjamín Calais (productor) hizo un excelente trabajo en sacar esa visceralidad a flote. Más adelante se crearon los nombres, la idea era ponerle a cada pieza un título que la representara, usando palabras que fueran arcaísmos, que estén en desuso o que tuvieran un particular significado o sonoridad. Por último, vino la foto del disco, queríamos algo que abogara más por lo delicado, expresado en un tierno color rosa. El gato fue un accidente hermoso”.

Es así como Botero describe y concibe esta obra que condensa punk rock, hardcore y free jazz. Otro trabajo experimental de Mula donde sus integrantes ahondan en el potencial expresivo del ruido. “Resiliente” no es un disco complaciente, dedicado al que busca melodías y armonías conocidas, es un álbum que rompe con esquemas y sorprende a los seguidores de la banda bogotana, quienes no se esperaban un disco “difícil de digerir”.

“Yo creo que es fácil de oír. Si uno se deja de la idea de un deber ser musical. Es fácil de oír si uno no busca que todo tenga un groove o una línea melódica o una letra. Ahora, si uno busca eso en este disco, es difícil porque no hay; el tiempo es fluctuante, los sonidos son agresivos, las líneas van cambiando todo el tiempo. Nuestros gustos no son nuestros, han sido inoculados a través de diferentes medios. Y eso no es malo, pero sería bonito que fuéramos más conscientes de eso”, explicó Botero, de forma resumida, a propósito de la intencionalidad del álbum, de los gustos y las valoraciones.

Mula

Mula – Fotos por Andrés Sampedro

Hay dos piezas sublimes en “Resiliente”: “Petricolor”, con una introducción hecha por una guitarra gravitatoria, al mejor estilo de Jimi Hendrix, dibujando un paisaje desolador, y a medida que avanza se oye como un quejido de un gato (no su maullido habitual), para luego entrar en una explosión sonora junto al resto de los instrumentos. Y, por supuesto, “Ataraxia”, con ese sugestivo nombre es hasta el primer track que seduce al oyente, quien se engancha con el sonido de ambiente: “ese guacamole no sabe a ná”, dice Germán Velandia (padre del músico Edson Velandia), conversando con otros, y después entra un efecto eléctrico que se entremezcla con la conversación, distorsiones de guitarras que desembocan en un punk metalero llevado al extremo, para, finalmente, retomar la diatriba sobre el guacamole. Calma-ruido-calma. Es una obra circular que hace alarde de su título, el cual se refiere a la tranquilidad.

Como dijimos cada tema es una obra en sí reflejada en la portada, hecha por Bibiana Rojas, y en el nombre de la producción: “La palabra tiene una sonoridad hermosa. De alguna manera queremos que este disco ‘difícil’ de oír sea escuchado, y ojalá que quien lo oiga se adapte a esta situación adversa”, comentó Botero.



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