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2.0 vs 2.0

Leí una convocatoria poco común, se trataba de conferencias que en principio versaban sobre asuntos que interesan sólo a los músicos, a ese género al que casi todos pertenecemos ahora: los productores-músicos-promotores-independientes. Teniendo un título tentador (Music Marketing 2.0) ya me había imaginado el escenario y había decidido esperar el feedback de alguno de los asistentes. Por el contrario, un amigo de antes de internet, me conminó a acompañarle ya que tocarían temas de su incumbencia. Pensé entonces que era una cuestión del destino y me alisté a acudir.

Solo pude reconocer a tres o cuatro de los presentes. Mucha gente joven interesada (supongo) por estos asuntos o ligados en més de una forma al tema.

Un panel compuesto de algunos expertos en la materia, los consabidos “ppp” listos y se dio inicio al evento. Un par de horas después concluyó y sin que mediara mayor sorpresa, salí como había entrado. No logré captar el tema de la conferencia en ninguna de las ponencias, debido a mi falta de concentración, seguramente.

Lo que ahora denominamos web 2.0 no es otra cosa que la incorporación del elemento “interacción” entre aquellos que elaboran y proponen los contenidos y quienes son sus depositarios, receptores o beneficiarios, en el mejor de los casos.

La promoción y mercadeo de la música en esta denominación, debiera por tanto consistir en abrir la posibilidad de que quien es el sujeto de “la campaña” de promoción, tenga la posibilidad de intervenir en el flujo de la comunicación que se produce y participe en él, siendo parte del contenido modificado que se genera cada vez que alguien interactúa. Es así de simple y así de complicado.

Requiere, por supuesto, de una plataforma informática que sea capaz de aceptar y administrar esa interacción para producir un resultado visible a los participantes, obteniendo en el mejor de los casos quien lo propone, un feedback sobre lo que ha propuesto, es decir, la opinión de quienes han visto/escuchado lo que propuso. Se supone que el resultado de ese sondeo de opinión, le proporcionará una data, o un cúmulo de información que le hará comprender mejor “el alcance” de su idea.

¿Para qué puede ser útil esa información? Eso es harina de otro costal. Tratándose de un artista-productor-promotor-independiente, el resultado puede ser perturbador, o perturbador, así como suena. A menos que tenga la difícil capacidad de separar cada uno de esos roles y analizar con distancia el resultado, sea cual fuere, ese resultado afectará una cosa hecha, una obra consumada, para bien o para mal y tendrá la dudosa virtud de procurar un cambio en el resto del material, lo cual es -en mi libro- una terrible premisa en el arte.

El arte conlleva riesgo, duda, incertidumbre y la única forma de desvelar esos misterios es confrontándolos con la obra, no poniéndolos delante. Es mi opinión, claro está.

Guillermo Carrasco @vosto
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One comment

  • Darío Peñaloza

    Pues en efecto, la disertación debe dejar algo de aporte, bien sea para la mejora de calidad, difución o distribución en el caso musical. Siempre poniendo el arte enfrente, no detrás, como dices.