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¿Afinamos?

Esta es una pregunta usual y poco interesante, la que se escuchaba en cualquier ensayo de prácticamente cualquier grupo rockero

Finales de los años sesenta. El sótano oscuro de la casa alejada de algún familiar, o la habitación “acolchada” de algún colega, servían como sala de ensayo en aquel entonces. Afinar, para los advenedizos de la música, era cosa mística, misteriosa, si no existía el piano de la hermana o un instrumento de referencia; o quizá “el pito” en LA, o en el mejor de las casos, un diapasón de horquilla… artilugio para iniciados que permitía, mediante su vibración, “sentir” el LA a 440 Hz. Para no entrar en profundidades, valga mencionar que este último, está entre nosotros desde el Siglo XVIII. Recordaré para el archivo también, los osciloscopios portátiles que algunos aventajados amigos traían en sus viajes de vacaciones de los famosos colleges bostonianos.

Hoy en día nadie se hace aquella pregunta, no en el mismo sentido. Eso, que hoy damos por sentado, por cosa natural y gracias a los miles de aparatítos a disposición, ha sido motivo de investigación y hasta de convenciones mundiales, para llegar en 1955 al establecimiento del LA a 440 Hz como guía de afinación…por aquella sana costumbre de tocar todos en la misma tonalidad y favorecer a la audiencia con un espectáculo grato.

Recuerdo la grabación de un tema con mi grupo Syma, por allá por el año ´72, en Estudios Continente. La disquera había decidido que un arreglo orquestal era un buen envoltorio para nuestra música y que era además la forma de marcar una diferencia. Pues bien, le hicimos llegar al arreglista (mi amigo Alí Agüero) un cassette con el tema cantado por nosotros. Al llegar a la grabación, donde ya la orquesta había hecho su trabajo, nos dimos cuenta de que no estábamos en el mismo tono y tuvimos que “ajustarnos” al nuevo arreglo (razón por la cual se escucha el acto de afinación, al inicio del solo de guitarra de Robert). Años más tarde, el maestro Agüero me regaló el score de aquel arreglo y de pronto, el misterio se develó: el arreglo estaba en do sostenido y el tema original en re. Al grabar caseramente el cassette, no habíamos notado que nuestras guitarras estaban afinadas por debajo del LA a 440 Hz, medio tono por debajo, para ser más precisos. Lo demás es historia.

@vosto

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One comment

  • Ruben H. García T.

    Tema interesante…
    Yo recojo cables y cargo guitarras desde los 14 con algunos grupos venezolanos, cuando aun el ser asistente en un escenario era denominado unívocamente como “roadie” a secas, sin importar el rol que se estuviese desempeñando. Con el pasar de los años, a pesar de la comercialización de cientos de modelos de aparatos de afinación me he dado cuenta de que la afinación no es realmente algo que suele importar a muchos músicos electrificados. Desde hace largos años, no veo a un técnico tomarse el tiempo de realizar un ritual de afinación que les exija a los instrumentos de cuerda estar en absoluta afinación durante todo un espectáculo musical. Con ritual me refiero a sensibilizarse un poco acerca de la situación de los instrumentos musicales de cuerda cuando los exponemos a condiciones inestables de presión y temperatura, como lo son las de un concierto. Entonces gastamos miles de dólares en un instrumento y equipamiento para procesar la señal y no “apretamos” bien las guitarras. Es un frío gesto (en mi respetuosa opinión) que deja ver cual es la real valoración que tiene la sonoridad de un conjunto musical para sus propios integrantes, que además se magnifica al momento de ejecutar el “arte” a través de un sistema de reamplificación. no hay cosa que me de mas rabia y angustia, que ver como un músico, “rapidito” echa una revisión flash de la afinación de su instrumento 7 segundos antes de la primera canción de un espectáculo, que necesidad hay de portarse tan mal con el mejor amigo de un hombre (antes del perro) que es un instrumento musical?…. Llevo años preguntándomelo.
    En resumen, es uno de los detalles que se fueron perdiendo en la tarima venezolana a medida de que se fue masificando e institucionalizando la industria de los servicios de sonido y backline en el país (últimos 10 años). Poco a poco fueron desplazando a ese técnico que era mas bien un productor en múltiples sentidos y garante de que, ni una mala organización ni las pendencieras las actitudes de algún artista arruinaran un concierto.
    Ahora ves como un super equipo de Stages, todos a la moda con tatuajes y aspecto Hipster, cada uno con ordenes estrictas de no dejar pasar alguna perilla de 7 (para evitar las perdidas de los proveedores) comienzan a estrellarse como carritos chocones, o peor aún, se hacen los locos cuando hay que asistir a un artista con algún problema inesperado, como el de la afinación.