fbpx
ser musico cumpleaños

¿Cómo ser y no ser al mismo tiempo?

“Lo lamento profundamente, pero eso no es posible”, esa fue la respuesta que le di a una amable señora que me contactó, preguntando si podía cantar en su cumpleaños debido a que era una fiel seguidora de mi música.

No fue la primera y puede que no sea la última vez que doy esa respuesta.  En una ocasión me vi envuelto en ese trance y no quedé con ánimo de repetir. Claro, el antiguo consejo tiene vigencia infinita: De esta agua no beberé…tanto.

Esta introducción viene a cuento porque en las noches me abriga la doble incertidumbre de no saber qué contestar si alguien me vuelve a hacer la misma pregunta, ni a qué recuerdo apelar, una vez aceptado el encuentro, y me vea en la necesidad de fingir alegría y contento, “como un profesional”.

No es un secreto para nadie que las artes en general y, en particular, la música, sufren los síntomas del agotamiento por exceso en algunos casos, y el de la extinción por desmemoria o poca rentabilidad, en algunos otros.

Ser músico, autor de lo que interpretas y portador de una supuesta aura que te ubica en una esfera distinta a los demás, un tipo simpático a más no poder, un héroe de multitudes y, al mismo tiempo, tener que hacer una larga cola para poder adquirir algún alimento, algún medicamento, o simplemente para comprar -si ello fuera posible- el pan, es una dicotomía difícil de amalgamar.

Ante esos pensamientos abrumadores y neurotizantes, una luz ha llegado a mi mente, o a mis oídos, mejor dicho. Hay una forma de abordar este espinoso tema, procurarse el sustento dignamente y no sucumbir ante la adversidad. Basta con seguir el ejemplo de los prohombres del régimen, ejemplo de abnegación y entrega a su pueblo.

Haré como los diputados que, al llegar a las cercanías de la Asamblea Nacional, se bajan de sus lujosos vehículos, y en un lugar dispuesto a tal efecto,  los aguarda un adiestrado equipo de colaboradores que sustituyen esos vehículos (en riesgo de sufrir alguna agresión de “la derecha” que pulula en derredor) por unos modestos y vetustos modelos que los conducirán finalmente a la puerta del recinto, con el baño de humildad que corresponde a sus señorías.

Es decir, tendré que hacer un breve curso de actuación para hacerme el loco y disponer de varias versiones del cumpleaños feliz en el repertorio, sonreír graciosamente y ubicarme en esa pequeña silla de la cocina, o el garaje, o donde sea que la dueña de casa haya dispuesto que esperen los músicos mientras no cumplen con la noble labor de entretener, divertir y cualquier cosa que haga falta. Todo sea por el arte, el arte de disimular para poder subsistir. Puede incluso que se fragüe una fórmula magistral que permita en un solo acto, intercambiar el ejercicio de mi supuesto talento por una bolsa de comida, aleatoriamente elaborada.

Al salir recibiré mil bendiciones.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

One comment

  • Humberto Cestari

    Te entiendo Guillermo. La gente cree q si uno canta es suceptible de ser usado como cd ambulante y rayarlo..al fin y al cabo luego se puede usar como posavasos para el wiskey. Cantar es un don divino solo unos cuantos sirven los demás son regetoneros jajJa.