Juani Favre

Juani Favre y la canción como escuela de vida

Juani Favre continúa celebrando sus veinte años de camino musical con un recital en D7 junto a su banda La Paz Ciencia.


El cantautor rosarino Juani Favre repasará veinte años de canciones junto a su banda La Paz Ciencia e invitades de lujo, donde sonarán composiciones que recorren distintos periodos de su carrera. La cita será el jueves 17 de octubre a las 21hs en Distrito Sie7e (Ovidio Lagos 790). Las entradas anticipadas a precios populares se encuentran a la venta en la boletería del lugar o vía web en d7entradas.com.ar.

Juan Ignacio Favre comienza su carrera artística a edad muy temprana, hacia finales de la década del noventa, recorriendo el circuito subterráneo y formando parte, desde sus inicios, del mítico colectivo cultural y sello discográfico Planeta X, donde edita los discos “Uruguay“, “Sos mi tren”, “Misterios de la energía”, “Macromoléculas“, “Afuera de la soledad”, y “La paz ciencia”.

En 2015 lanza el álbum “La flor salvaje” (editado por Pop Art), que cuenta con la producción artística de Adrián Dárgelos (Babasónicos) y con Gustavo Iglesias como ingeniero de sonido. En 2017 vuelve a reunirse con la dupla para realizar un nuevo trabajo discográfico titulado “Despierto en la sombra”.

Apasionado de la construcción colectiva y del trabajo afectivo, a través de los años Favre colabora con agrupaciones y solistas cumpliendo el rol de instrumentista, productor artístico, ingeniero de sonido y vocalista invitado. 2019 lo encuentra celebrando dos décadas de constancia y evolución alrededor de las infinitas posibilidades de la canción.

Semanas atrás Favre brindó un primer concierto repasando canciones y vivencias artísticas. La ocasión tuvo lugar en una Casa Brava con capacidad agotada durante un gélido miércoles del mes de julio. Esa noche, el cantautor se lució indagando en la cantera de sus composiciones, acompañado solamente de su guitarra y una flauta dulce. El público presente se permitió viajar en el tiempo con cada una de las canciones que sonaron, postales de una ciudad diferente, una ciudad sobre la que, en algunos aspectos, el propio Favre junto a sus compañeros del colectivo Planeta X ejercieron una influencia transformadora.

Referente de una nueva camada de músiques locales; Artista Distinguido de la ciudad de Rosario por el Concejo Deliberante en el 2017; luego de años de canciones, y acciones artísticas, discos que abrevan con libertad en la canción latinoamericana, el rock de pulsión experimental y folk intimista, el presente muestra a Juani en estado óptimo, multiplicando sus actividades, bien lejos de descansar sobre una cama de laureles.

“Todo este proceso arrancó hace unos meses, preparando un recital en el que comencé a conmemorar estos veinte años de canciones en el formato de guitarra y voz”, explica Favre sobre el desafiante reto de conformar un set abarcativo que repase cada periodo al mismo tiempo que entable un diálogo con el presente y aquello que está por venir. “La idea fue dar cierta representatividad a las distintas etapas compositivas que atravesé, desde algunos temas que tocaba en mis primeros conciertos, hasta algo nuevo a modo de estreno”, agrega.

“En el caso de éste recital la propuesta es diferente, porque lo llevamos adelante con La Paz Ciencia, por lo que la selección de temas está más vinculada a las posibilidades de la banda. Igualmente habrá momentos acústicos, con formaciones alternativas e invitades especiales”, apunta sobre la inminente fecha en D7. Entusiasmado por una celebración, Favre comparte el pulso emotivo detrás de ambos toques: “para los dos casos utilicé una especie de premisa que fue dejarme llevar por el deseo, es decir, elegir quizás no los temas más representativos, sino los que sintiese ganas de tocar en este momento. Algunas composiciones hacía más de diez años que no las pasaba por las manos”.

La Paz Ciencia, grupo que acompaña a Favre en los últimos años, es una especie de dream team musical integrado por Natalio Rangone (teclados), Franco Santángelo (trompeta y coros), Julián Sanzeri (saxo barítono), Martín Salvador Greco (bajo), Luciano Corvalán (percusión), Daniel Menegozzi (batería). Músicos de distintas generaciones provenientes de ámbitos diferentes se congregan en el universo musical de Favre bajo una premisa de experimentación, camaradería y aprendizaje constante.

En compañía de La Paz Ciencia Favre supo encontrar un equilibrio ideal en sus presentaciones de los últimos tres años; una química renovadora perfecta para un periodo en el que los conciertos pueden ser de raíz intimista o de carácter masivo en espacios públicos. Con el respaldo del grupo, el compositor se asoma a atmósferas envolventes que pueden ir al dub o al folk y hasta movimientos donde el cuerpo se libera a la inercia del baile. Al mismo tiempo, el impecable caudal musical de sus compañeros logra potenciar a un Favre que se deja llevar hacia un estadio de pleno disfrute donde es uno más de la comunión.

“Afortunadamente la química funciona muy bien”, explica sobre la dinámica junto a La Paz Ciencia. “Manejamos una gran amplitud en el sonido, con una cuota importante de experimentación y un desarrollo cada vez mayor del repertorio bailable”, añade. “Más allá de mi rol de compositor, el trabajo es muy democrático y todas las partes estamos muy enfocadas en disfrutar los procesos y llegar a resultados musicales que nos satisfagan. Se trata de excelentes músicos con experiencia, que aportan un montón de ideas y conocimientos, todo eso se pone en la balanza a la hora de armar los temas y enriquece mucho el proceso”.

El de Juani es un camino solista, pero siempre estuviste acompañado. Además participaste en otros proyectos como un integrante más o produciendo. ¿Qué buscás actualmente en tu experiencia con La Paz Ciencia? ¿Como músico solista desarrollaste alguna especie de obsesión por controlar la decisión final o podés delegar en el otro?

Con el tiempo he ido aprendiendo la tarea de coordinar espacios, tanto en La Paz Ciencia y otros grupos musicales, como en el aula en el rol docente, además hace un par de años dirijo un ensamble musical en el Centro Municipal del Distrito Oeste. Me parece que es un trabajo a realizar por fuera del ego, poniéndose al servicio del espacio y ofreciendo siempre un abanico de posibilidades para no encasillarse. Sobre todo es importante no tomarlo personal, respetar los procesos de las otras personas y aceptar propuestas que puedan ser superadoras de lo que uno trae. En ese sentido es importante delegar responsabilidades. No por estar en la coordinación de un espacio hay que tener todas las respuestas, y si se cuenta con personas que pueden resolver determinadas cuestiones, esto resulta potenciador. Por otra parte, es igualmente importante no ponerse muy dubitativo, esto lo aprendí de Adrián Dárgelos: en lo que a dirigir respecta, cuando surgen preguntas es importante tener seguridad en las respuestas. Esto a mi entender es algo, como decía antes, que hay que hacer completamente despojado del ego, con la intención de que los procesos grupales no se estanquen y puedan seguir fluyendo.

¿En tantos años de hacer música encontraste un método definitivo para hacer canciones? ¿O quizás ciertos métodos funcionan por tiempo y va evolucionando paulatinamente?

Es un aspecto muy interesante y a la vez complejo de abordar. Supongo que la experiencia y los diferentes aprendizajes te van dando pautas, lineamientos de caminos por donde transitar. A la vez el acto de crear es siempre una ruptura, un cambio respecto al mero proceso de repetir. Esos cambios muchas veces son entrecruzamientos que pueden provenir de lugares disímiles y están directamente ligados con otras expresiones culturales, en el caso de la música puede ser del pasado más remoto, o de expresiones bien actuales. En este sentido, creo que componer es un acto ligado al presente, con lo cual siempre resulta distinto, más allá de determinadas recurrencias que forman parte del estilo propio, digamos.

Juani Favre

Juani Favre

Compartir escenarios con bandas como Babasónicos, Miranda! y El Kuelgue acercó tu música a una nueva audiencia. ¿Cuáles son los principales aprendizajes de mostrar tus canciones a un público neófito que quizás está en otra pero de repente encuentra algo en tu arte?

Está buenísimo toparse con diferentes experiencias a la hora de tocar. Es algo que siempre traté de abordar desde donde pude. Uno nunca sabe exactamente qué va a pasar y a veces cosas buenas suceden en recitales multitudinarios o en un show de veinte personas. Es algo a lo que las personas dedicadas a las artes escénicas nos acostumbramos, un día actuamos delante de cientos, miles de personas, y a la semana siguiente para quince. En mi caso le sumé trabajar en la calle y en comedores a la gorra, tocando para gente desconocida, que a veces incluso no le importaba que hubiese música. Todas esas experiencias son constructivas si se las sabe aprovechar. A mí no me preocupa tanto el rango etario de la gente que pueda escuchar, me da la sensación de que esos límites se están desdibujando, o al menos reconfigurando. Sí está bueno entrar en diálogo con nuevas expresiones, que por suerte las hay en montones.

Sobre finales de diciembre de 2017 Juani fue declarado Artista Distinguido de la ciudad de Rosario por el Concejo Deliberante. En la relajada ceremonia de ese caluroso mediodía, se destacó también a “a la cultura que se construye desde abajo y de manera horizontal” haciendo hincapié en los artistas que abrazan a su pasión desde un espíritu independiente. Esa distinción fue una inevitable oportunidad de reflexión para Favre quien, en su agradecimiento previo a tocar algunas canciones, se refirió a la responsabilidad que conlleva una vida dedicada al arte. Ahora los veinte años de camino musical permiten más reflexiones. Observaciones sobre pasado, presente y futuro; aprendizajes colectivos y compromisos personales que están más vigentes que nunca.

¿Cuáles fueron los principales sacrificios de elegir una vida dedicada la música?

La noción de sacrificio comenzó a circular en el auge de Planeta X, donde llevábamos adelante una intensa agenda de actividades y nos hacíamos cargo de todos los aspectos, en modo autogestión ciento por ciento, lo cual implicaba un desgaste físico importante y una sensación de que, más allá de las satisfacciones que conllevan formar parte del colectivo y de saberse dentro de una movida contracultural grosa, estábamos sacrificándonos en pos de que las personas se divirtiesen. Este período duró varios años, por lo que la sensación de desgaste se acrecentó. Más allá de esto, en lo personal, los sacrificios están relacionados con el aspecto económico, en lo que a estabilidad se refiere. Durante varios años tuve trabajos fijos, muchas veces relacionados con la música pero de manera indirecta, y en cierto momento decidí dejar esa estabilidad y abocarme al trabajo musical, siempre desde varias aristas. Por un lado la composición, que además de canciones se extiende a música para obras de teatro, danza y realizaciones audiovisuales, por otra parte las presentaciones en vivo, que van desde trabajar en la calle hasta salas de teatro, centros culturales y predios con grandes concurrencias. A estos se suma el trabajo de estudio, como ingeniero de sonido, productor y músico sesionista, y la docencia. Con excepción de este último aspecto, todos los otros son bastante inestables y de resultados desparejos. Se viven muchos altibajos y veces es difícil convivir con ellos, tanto en lo económico como en lo emocional.

Actualmente varios de los integrantes de Planeta X como Gina Valenti (Festival 404), Charlie Egg, Juan Manuel Godoy (Matilda), Maru Conti y tu hermano Oscar siguen firmes en su camino artístico, creando y trazando vínculos. ¿Qué sentís cuando te cae la ficha que hoy son referentes para las nuevas generaciones?

Planeta X como experiencia fue una usina de potencia que se nutrió del talento de todas las personas que participaron del proceso; no solo miembros activos del grupo, sino quienes colaboraron, tocaron, expusieron, actuaron, e incluso simplemente asistieron a los eventos, que eran verdaderas creaciones colectivas en las que todos y todas formábamos parte. Está muy bueno ver como mucha de esa gente siguió y sigue desarrollando actividades culturales muy diversas, que van desde distintas disciplinas artísticas, hasta cuestiones como la política y las ciencias. En todas ellas se pueden ver rasgos de las premisas que caracterizaron a Planeta X, el trabajo cooperativo, la experimentación, el compartir y la democratización de los recursos, y la aproximación hacia nuevos lenguajes del arte. El legado de PX es además, diría especialmente, el haber sido un espacio de resistencia cultural que albergó disidencias, las visibilizó y les dio un marco de contención y crecimiento.

Este largo camino te nutrió de distintas perspectivas: experiencia contracultural; aprendizajes musicales viajando por el corazón latinoamericano, estudiando la canción en todas sus formas; tocar en recitales masivos, trabajar con sellos grandes ¿Todas experiencias, esos aprendizajes, son piezas que van encajando de manera ideal o a veces lleva más tiempo?

Con el diario del lunes todo parece encajar con más lógica, y en días optimistas uno se ve tentado a decir “todo pasa por algo, y a su debido tiempo”, pero la verdad es que en el camino hay muchos subibajas y las cosas rara vez son lo que uno cree de antemano. A veces la experiencia te juega una mala pasada y te deja menos preparado para el futuro que el absoluto desconocimiento. Creo que hay que saber hacer uso del conocimiento para aplicarlo en todo lo que sea evitar malos tragos y focalizarse en propiciar espacios de encuentro que resulten nutritivos para todas las partes. Y si se dispone de algún poder, utilizarlo para poner en práctica estos valores de compartir, democratizar recursos y espacios, ampliar horizontes y respetar, de hecho construir con, las diferencias.

Foto principal cortesía de Javier García Alfaro 

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