Pablo Comas

Pablo Comas presenta en vivo su primer disco solista

Pablo Comas, músico y productor rosarino, presenta “Hambre”, su primer disco solista, en el Centro Cultural Atlas.


Inquieto desde niño, Pablo Comas camina un sendero de expresiones artísticas desde muy temprana edad. Creciendo en un hogar donde música y palabra fueron virtudes ineludibles, el joven Pablo tuvo un romance temprano con el teatro, disciplina y expresión que cayó de la lista de prioridades cuando llegó un llamado generacional por parte del rock, más precisamente, el disco debut de los neoyorquinos The Strokes.

“Is this it” funcionó como un quiebre lo suficientemente poderoso como para torcer el camino artístico de Pablo Comas hacia la música. Con algunas bandas de nombre y formaciones intermitentes, en 2006 funda Alucinaria, proyecto de canciones en el que se desempeña como compositor, cantante, multinstrumentista y productor artístico.

Con Alucinaria edita los discos “Dulce cruel” (Ep, 2008), “La última rotación del sol” (2012), y “Días de fuerza” (2016), un trabajo aclamado por los medios especializados de Argentina y varios países de Latinoamérica.

Alucinaria se desbandó sin ruido ni comunicados oficiales durante el 2017. Tras el final de la banda y algún tiempo de reflexión, en 2018, Pablo Comas decide emprender un camino solista. Del primer capítulo en solitario surge “Hambre”, su nuevo disco compuesto por nueve tracks en formato canción.

“Hambre” no es un álbum de contenidos ligeros. Sus capas se descubren con cada escucha, exhibiendo las texturas de una producción detallista y que entrama gestos como pequeños tesoros (y guiños) en cada nueva reproducción.

El Comas 2019 sueña con misiles todavía y además sufre el vértigo de múltiples voces dentro de su cabeza como la hacía en “Días de fuerza“. Es una polifonía que en “Hambre” aparece en el pop barroco que adoptó algunos años atrás y ahora se embebe en tradiciones progresivas del rock argentino. La diferencia con la etapa anterior de Pablo Comas, es que este nuevo trabajo es visceral y urgente. Quizás porque los tiempos lo demanden así. O puede que sea simplemente la certeza personal de saber cuál es su rol como artista.

“Hambre” es una necesidad de tener un lenguaje político y de hacer del amor una trinchera de resistencia y construcción para el presente y para un futuro que vendrá de acuerdo a nuestro nivel de compromiso colectivo. “Hambre” es una necesidad de gritarle, al sol argentino impregnado de fracaso nacional y cinismo. “Hambre” busca comprender un país en fiesta absurda donde las instituciones aplastan bailando una danza de ritmo opresivo.

Cicatriz, un personaje que aparece en reiteradas ocasiones en la narrativa de “Hambre”, es protagonista e interlocutor y sirve a Pablo Comas para dialogar con el oyente pero también con él mismo, tensando la cuerda, buscando una respuesta las atrocidades cotidianas que nos deshumanizan.

En un tiempo de dispersiones y ansiedad, de consumos culturales pasatistas, el disco ofrece un sobredosis de información que golpea hasta noquear; un jab de amor político, empatía y entrega al oyente más avezado. Comas, dedicado orfebre del lenguaje, dispara un tendal de líneas que serían antológicas de no ser de aplicación urgente: “Donde la palabra es la virtud y la enfermedad”, “Es el día de empezar a desobedecer”, “Cuídate de los que no ven que amar es un lugar político”, “No quiero hacerte bien, quiero dejarte algo que te ayude a dejar morir para poder vivir”, “Un país con bandera tapada de boletas”, “Nunca vigilante nunca sacerdote”.

“Hambre” es un disco necesario. Esencial para lo íntimo y lo colectivo. Son canciones que interpelan y acompañan el cráter sociopolítico en el que está hundida la República Argentina.

Pablo Comas Show Complejo Cultural Atlas

El show

La presentación formal del nuevo trabaja será el jueves 8 de agosto a las 21.30hs en el Complejo Cultural Atlas. Allí Pablo Comas repasará la totalidad de su discografía, acompañado por una banda integrada por cinco músicos: Pablo Brun, Dani Pérez y Fabricio Silvestri (miembros de Sucesores de la Bestia), Marcos Ribak (Muñecas) y Luciano Tourfini (Los Chicos de Simón).

“El show está pensado para ser la presentación de la trilogía discos que nació a principios de ésta década, con ‘La última rotación del sol’ , que continuó en ‘Días de fuerza’ y que finaliza en este último capítulo que es ‘Hambre'”, adelanta Comas sobre el inminente concierto. “Ese diálogo entre los discos y este último episodio es lo que queremos mostrar. Los chicos la están rompiendo toda, es algo muy emocionante tocar con ellos, ese contagio entre nosotros queremos compartirlo con los que vengan”, agrega. “La verdad son un bandón, zarpado”, concluye, entusiasmado.

El camino de “Hambre” se empezó a desandar a principios de año, cuando en enero se lanzó “Campeona” como simple adelanto. Según la gacetilla que acompañó a esa canción, Comas retrata “los andares, aventuras y desventuras cotidianas de una incansable luchadora del litoral argentino”.

Actualmente, mientras ultima detalles para la presentación, Pablo Comas trabaja en una serie de videos que serán parte del ambicioso concepto artístico de “Hambre”.

“Arrancamos ensayando diez meses con el Gato Brun, construyendo las baterías de los temas a partir de ¨errores¨ y arreglos que nos sorprendieran. Estuvo re bueno, porque venimos de tradiciones musicales muy distintas y se armó algo muy auténtico”, apunta Comas sobre el principio de toda la aventura. “El objetivo era lograr, algo así, como un disco de pop progresivo con baterías súper dinámicas. Eso fue algo nuevo para mi ya que nunca había compartido la experiencia de arreglar mis canciones, y creo, fue una instancia de mucho entendimiento que definió la riqueza posterior del álbum”.

Concentrando esfuerzos y personal en Rosario, el proceso de grabación se llevó a cabo en diferentes etapas, haciendo énfasis en cada parte, desconociendo apuros por fechas límites.

“Grabamos en dos tandas todas las baterías, volviendo a trabajar, como en el disco anterior, con Billie Gómez de drum doctor, y con Daniel Oko Oconells de ingeniero – que había sido ingeniero en la grabación de vientos, cuerdas y voces principales de “Días de Fuerza“-. Luego se sumó Dani , que metió unos bajos exquisitos, y por último se sumó Kito que grabó las guitarras conmigo. Entre todo eso fui editando-produciendo el material y luego grabé todas las voces en mi casa hasta dejarle listo el álbum a Dani para que lo mezcle, que finalmente lo dejó en un nivel altísimo. Por último, lo mandamos a lo de Ovié para el master”.

¿Cómo surge la idea de Cicatriz como personaje narrativo?

A mi me resulta increíble como nos espeluznamos cuando escuchamos que un pibe de la indigencia de 10 años sale enfierrado a matar para chorear un celular. ¿Qué es lo que sorprende tanto? ¿No es obvio, que a una porción muy importante de este país la marginalidad y la desesperación de los otros no les importan en absoluto? No sé, a mi me parece la represalia inevitable por tanta indiferencia. No es tan difícil, entrá a redes sociales, prendé la TV, abrí un diario, fijáte de lo que están hablando y comprobá que casi nadie está hablando de cómo solucionar esto. Ese pibe es el espejo que nos devuelve nuestra peor imagen como sociedad, lo que nos interrumpe esa idea que tenemos de nosotros mismos. Me pareció interesante convertirlo en personaje y que interrumpa la escucha del disco.

Es un disco político, sin dudas. ¿Fue una decisión consciente y deliberada o fue algo con lo que te sorprendiste durante la realización?

Después de salir “Días de fuerza” se dieron una serie de situaciones que me dieron a entender lo profundas que eran las implicancias políticas de ciertos posicionamientos, tanto éticos como artísticos que había mantenido desde que nació Alucinaria en 2006. Hubo reacciones que superaron las expectativas, algunas increíblemente hermosas y otras con una fuerte intención destructiva. Ahí me dí cuenta que la fantasía empezó a transformar cosas a un nivel muy palpable, muy real. Por otra parte, a los 20 años sos eterno y no medís las energías, el impulso es gratuito, pero lo que haces en nombre de esa fantasía, lo pagás con el cuerpo. Ahora hice un viraje al cuerpo, a estar presente en ahí, entendiendo que esto es finito; entender que hay muerte es politizar las cosas y elegir transformar el proyecto poniéndole mi nombre es acceder a ese lugar.

Hay un grito declarado a dejar la seguridad/comodidad. Es un grito para cualquiera que esté escuchando pero se siente muy dedicado a una mayoría de artistas que están refugiados en la comodidad o en la abstracción. ¿Por qué? “Hambre” también deja en claro que por más que uno se desentienda, se declare neutro, apolítico o cínico, nunca no está involucrado o corrido de todo.

Bueno, es eso. No hay un afuera del entramado político. Ni siquiera en una microescena de rock en Rosario, ni en una banda, ni en una relación de pareja. Y ahí siempre hay peligro, y toma de posiciones. Bienvenidas sean. Esclarece por otra parte quién es quién. La abstracción artística también puede ser muy política, el tema es que lo político, a diferencia de otras dimensiones, se distingue por los contextos. En una escena donde todos hacen temas con el diario en la mano, ser abstracto representaría una apuesta. Como ser punk fue una apuesta cuando todo era rock sinfónico, con temas de 7 minutos, referencias a Goethe y armonías re difíciles. Y también es una gran apuesta, en un mundo así, cuidar a tus amigos, respetar a tus colegas, no trabajar con hijos de puta, y valorar los esfuerzos de todos los que están tratando de hacer alguna movida en la que verdaderamente creen.

¿Cuál es el proceso interno que conlleva la decisión de ser un solista declarado, poniendo tu nombre al disco y a todo, tras años de estar en en grupo?

Se trata de reconocer el lugar propio, sin tanta vuelta. Por un lado, me dio siempre vergüenza la idea de mostrarme solista. No quería se supiera esa soledad. A mi me importaba eso de que la gente pensara que colaborábamos todos, inclusive insistía con la posibilidad de que alguno empezara algún día a componer para el proyecto. Eso no se dio nunca y no se iba a dar nunca porque nadie se sentía realmente parte. Quería que fuéramos una banda y el error fue forzar esa existencia pese a que estaba a la vista que cada intento de trabajo en equipo se diluía. También por eso es que decidieron irse todos -salvo Dani-, además de que no se sentían identificados con “Días de fuerza”. Cuando empezamos con “Hambre” tenía en mente editarlo como el tercer álbum de Alucinaria, pero entendí que, por la naturaleza misma del contenido que vengo trabajando hace años era necesario el cambio de nombre. No se puede hablar de estas cosas y seguir usando un pseudónimo. La firma era clave.

Ahora un nuevo público llega al Comas solista quizás desconociendo la etapa anterior. Es un capítulo fresco para presentarte ante otra audiencia. ¿Qué aprendizajes aparecen luego de años de experiencia? ¿Cómo te imaginás ese nuevo encuentro con el público, el de siempre y de ahora?

Esa transformación de identidad es más bien orden conceptual, y quién conoce bien la temática de mis discos sabe hasta qué punto esos juegos son parte de la obra. Cambiarle el nombre al proyecto es inherente al hecho artístico. Ocupar tu lugar: ese es el mensaje que propongo y es algo que nos concierne a todos. Todos estamos buscando salir de la máscara para tener un rostro, el más real posible. Creo que la mayoría de los que vienen escuchando los discos lo percibió así y recibieron la noticia con entusiasmo. En los shows que hicimos hasta ahora lo sentí mucho, no sé, como que están todos muy involucrados, como que se cayó un velo; hay como otro vínculo entre la gente y el escenario.