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Leonard Cohen

RIP Leonard Cohen

Esto del gusto musical es  -por repetirlo una vez más-  como lo de los colores. Y es que no pudiera ser de otra forma. Hay por supuesto unos colores que gustan mucho más que otros y puesto a especular, supongo que será un asunto de vibraciones, o sensibilidades.

Leonard Cohen es para mí, uno de esos casos extraños y profundamente llamativos. No soy, he de confesarlo, seguidor infatigable de su obra, pero reconozco su bastedad y alcance. Solo de escuchar a sus admiradores hablar de sus canciones y de sus libros, nos lleva a pensar en una vibración amplia y profunda.

No pecaré por tanto de “cohenólogo”, que no lo soy. Intentaré acercarme al lado humano, no porque no haya sido tocado ya, sino porque se me hace más sencillo.

Hablando de estética musical, reconozco que no logró nunca cautivarme. Lo consiguió algunas veces a través de la sinceridad de sus poemas y de sus performances. Son conocidos sus discursos y entrevistas acerca de lo que significó el descubrimiento de la guitarra como vehículo para expresar sus más hondas penas y/o alegrías. El papel que jugó la música en ello, en una más amplia acepción.

Curiosamente, algunas de sus canciones más reconocidas alcanzaron eso que llaman “el éxito comercial”, una vez que fueron versionadas por otros intérpretes. Valga señalar el caso de su elogiado “Hallelujah”, que recibió el impulso de un joven Jeff Buckley, diez años después de su primer lanzamiento . O el caso de su archiconocida “ Dance To The End Of Love”, con múltiples versiones, entre las que destaco mi favorita, la de Madeleine Peyroux. También sirvieron sus temas para dar nombre a otras experiencias, tal es el caso del disco “Songs From A Room”, que ha dado notoriedad a la interesantísima ciber-serie homónima de promoción de nuevos talentos y en el que aparece otro tema icónico: “Bird On The Wire”.

Es famosa también la anécdota sobre su llanto en escena, una vez que confesó que en ese concierto no estaba sintiendo las canciones y la parecía que engañaba a la audiencia. La lista de temas tratados, de amistades homenajeadas y de momentos íntimos compartidos, es enorme. En fin, que se ha marchado, no sin antes dejarnos su último disco a la mano: “You Want It Darker”, en donde muchos dicen haber detectado un cierto aire de despedida. La verdad es que Leonard Cohen fue un hombre exitoso, tanto, que el bienestar económico que suele venir asociado, alcanzó para que su antiguo manager lo desfalcara por completo y pudiera, aun así, volver a comenzar sin mayores remordimientos, virtud que le honra y por lo que sería justo apuntar que su mayor éxito lo constituye sin dudas, el recuerdo que de él tendrá una multitud de escuchas y lectores agradecidos.

Bien, una merecida nota sin pretensiones de experto, pero sí con el respeto que una trayectoria como la suya genera, hasta en los más escépticos. RIP Leonard Cohen.

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