Uniendo Fisuras

Uniendo Fisuras: un libro a la altura del legado ceratiano

El periodista Diego Giordano publicó Uniendo Fisuras, libro que propone un detallado recorrido por el tercer álbum de Soda Stereo


El periodista y músico Diego Giordano lanzó Uniendo Fisuras, libro que propone un minucioso análisis de “Signos”, álbum de Soda Stereo que marcó un antes y un después en la carrera de la banda integrada por Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti.

Disponible en las estanterías argentinas desde hace algunos meses, la presentación pública del libro tendrá lugar el sábado 2 de noviembre, desde las 19.30 horas, en el Espacio Cultural Universitario, San Martín, 750.

Giordano

Diego Giordano es periodista y músico. Desde hace más de veinte años que el periodismo cultural y la música están vinculados en su vida, casi como una obsesión. Otrora baterista de Mortadela Rancia, Lanzallamas y los Killer Burritos, Giordano despunta el vicio de los parches en ocasiones especiales, volviendo al ruedo de manera esporádica, generalmente acompañando a hermanos musicales como Gonzalo Aloras, entre otros.

Desde 2006, coordina las ediciones discográficas de la Editorial Municipal de Rosario. En 2013 publicó Inédito, una investigación sobre el rock subterráneo rosarino en los años 80.

La llegada de Uniendo Fisuras es la culminación de más de dieciocho meses de trabajo concreto y algo más de dos años de convivir con la idea en su cabeza. “Signos” apela a una fibra personal muy fuerte para el autor, puesto que lo considera parte fundamental de su educación musical adolescente, especialmente dentro del rock argentino. Además, según revela Giordano, “Signos” fue el primer disco que se compró por interés propio, ya libre de las influencias de sus hermanas mayores.

“Es un álbum muy rico para analizar. Sus ocho canciones, al haber sido compuestas en un período de tiempo muy corto, le dan una coherencia blindada, sellada al vacío, sin lugar para temas viejos o de relleno”, explica Giordano sobre su particular interés en el tercer álbum del trío.

“En las encuestas, “Canción animal” o “Dynamo” ocupan el lugar de mejor disco en la carrera de Soda, y es lógico que sea así. Pero “Signos” es crucial en la evolución de Cerati como compositor porque, en comparación con sus antecesoras inmediatas, las canciones presentan una arquitectura mucho más sofisticada desde el punto de vista formal”, expone el periodista.

“Es también el primer trabajo en la discografía de Soda en el que aparece bocetada la síntesis de melancolía y heroísmo que caracterizará los más grandes éxitos del grupo, ‘En la ciudad de la furia’ y ‘De música ligera’. Además, es el disco que inicia el proceso que llevó a Soda Stereo a la cima del rock latinoamericano”.

Tras el rastro

Abocado a un exhaustivo trabajo de archivo, Diego Giordano se convirtió en un buceador de hemerotecas, desempolvando archivos, poniendo atención en cada uno de los pasos de Soda Stereo en su primera década de vida. Alcanzar algunos detalles en particular, obligó al periodista a tomar la ruta, haciendo escalas por diferentes ciudades, siguiendo el rastro informativo por festivales, bares, boliches y clubes donde la banda fue tocando.

Además, Giordano acumuló entrevistas con una diversidad de voces que fueron parte del proceso de creación de “Signos” y del entramado logístico extra musical que iba creciendo a la par de cada hit del grupo. En las páginas del libro aparecen figuras como Daniel Melero, Andrés Calamaro, Gloria Guerrero y Pablo Schanton. Brindado su experiencia desde el interior de la maquinaria Soda aportan testimonios Richard Coleman, Celsa Mel Gowland, Fabián Quintiero y Oscar Sayavedra, manager del grupo durante los años de contrato en Ohanian Producciones. Tanto Charly Alberti como Zeta Bosio se negaron a dar testimonio.

Luego de las entrevistas y la investigación llegó el momento de ponerse a escribir, proceso que en ocasiones puede llegar a ser engorroso ante la cantidad de material. Giordano, sin embargo, tuvo las cosas claras desde el principio. Con un frondoso recorrido en el periodismo gráfico (El Ciudadano, La Capital, la revista literaria RIEL, Atypica) Giordano tomó acción buscando ser preciso. “Desde que me senté a pensar en cómo debía ser el libro, tuve claro qué quería hacer”, recuerda el autor sobre las instancias previas a sentarse a escribir. “Trabajé diez años en un diario y eso te enseña a ser muy conciso. Por eso escribo corto, algo que me viene muy bien porque soy bastante haragán. En resumen, no me sobró nada”.

“Las entrevistas que hice me confirmaron cosas que intuía cuando empecé la investigación para el libro. La más importante es el hecho de que, a diferencia de los dos discos anteriores de Soda, en los que Bosio y Alberti habían participado un poco más, Cerati compuso “Signos” en soledad”, comparte Giordano sobre lo revelado en su encuentro con protagonistas e involucrados.

Mientras que en “Nada personal” (1985) las canciones encontraban su definición en la sala de ensayo tras horas de trabajo grupal, el tercer disco de Soda Stereo fue compuesto y arreglado casi en su totalidad por un Cerati en pleno proceso de introspección y de reclusión en su departamento de Juncal entre Azcuénaga y Junín. Para “Signos”, Cerati llegó ante Alberti, Bosio y todo el equipo de trabajo de Soda con las canciones prácticamente terminadas. Todo el esfuerzo constituía, además del crecimiento como compositor, los primeros pasos hacia la dinámica que eventualmente iría ensombreciendo el seno del grupo: Gustavo por un lado, Charly y Alberti, por el otro.

Diego Giordano Autor de Uniendo Fisuras

Diego Giordano, autor de Uniendo Fisuras

Un libro necesario

A través de las décadas de historia de Soda Stereo, decenas de libros fueron editados en distintos países, algunos de vocación compilatoria, otros de carácter biográfico siguiendo la historia oficial propuesta por banda y discográficas. Las despedidas, regresos y esa taquillera burbuja en el tiempo del 2007 titulada Me veras volver, generaron reediciones y más material enfocado en lo fotográfico, lo anecdotario y lo marketinero.

Desde la muerte de Cerati, no es ninguna sorpresa, las librerías exhibieron biografías, recopilaciones de entrevistas, álbumes fotográficos y otras publicaciones de riqueza enciclopédica. En pocos años se generó una especie de Big Data formato libro del universo ceratiano con resultados disímiles en cuanto a calidad de contenidos. Las ventas, por supuesto, siempre acompañaron, estimulando más publicaciones.

La biografía de Héctor Zeta Bosio -ghost writer mediante- aportó una mirada desde adentro apenas un poco más refrescante que la misma historia oficial reduccionista que libros y documentales se empecinan en narrar una y otra vez.

Con Uniendo Fisuras, Giordano va donde ningún otro periodista fue en la historia de Soda Stereo. El análisis crítico minucioso se detiene en lo poético, lo musical y lo técnico. Giordano retrata la dedicación vampírica de Cerati noche tras noches, afilando el sonido definitivo de Soda Stereo para el salto continental. Partes de batería; arreglos de voces y vientos; guitarras que conversan con los sonidos de una época, trazando un timeline superador de fronteras y tribus; Giordano descompone cada aspecto de la realización con lucidez, echando luz sobre partes del universo Soda en las que nadie se había aventurado antes.

En la enormidad de la maquinaria Soda un libro como Uniendo Fisuras era necesario desde hace mucho tiempo. Más allá de los records, de la histeria de la sodamanía, los estadios sold out, las millas de vuelo y la invención de un fenómeno de rock latinoamericano, Soda Stereo era, por sobre todas las cosas, una excelente banda de música. El libro de Giordano contiene un abordaje técnico sobre la arquitectura musical de Soda Stereo que se desmarca de la mayoría de las publicaciones previas, evidenciando todo lo que queda por revisar desde una mirada crítica.

“Hay muchos libros sobre Cerati y sobre Soda pero en ninguno, por lo menos en los que yo leí, se aborda el aspecto musical y técnico”, comenta Giordano. “No quería hacer un libro que se centrara solamente en eso, me interesaba más contar la historia del disco, cómo fue compuesto, cómo fue grabado, cómo fue recibido. Pero sí quise, con las pocas herramientas que tengo, detenerme en el aspecto musical y lírico”, agrega el también baterista.

En un sentido el trabajo de Giordano viene a enlazar parte del legado ceratiano con la frase que esgrimió Charly García: “Gustavo era un arquitecto del sonido”. Uniendo Fisuras hace justicia con el músico que era Cerati, algo postergado por el periodismo y el revisionismo cultural por mucho tiempo. Atravesando el fenómeno, las miserias, los egos, la fascinación, el talento y el prejuicio, Giordano sienta precedente para futuras miradas sobre Soda Stereo.

Viejos vinagres

Uno de los aciertos de Uniendo Fisuras es capturar los diferentes estadios de la prensa especializada con Soda Stereo. En su abordaje al contexto histórico donde la banda surge, toma envión y conquista audiencias de todo el continente, Giordano obtiene un blueprint de diversos medios, especialmente de revistas de música rock, y del paradigma de aquel entonces.

A la par de cualquier serie televisiva de la actualidad, Giordano traza una sub trama en la que el periodismo de rock (ese universo de vanidades en esteroides que afortunadamente pasó a mejor vida) va teniendo sustanciales encontronazos generacionales con las nuevas olas que iban alterando la marea al ritmo de una década frenética.

Un minucioso trabajo de archivo por parte del periodista rosarino expone la marcada distancia y cautelosas reservas que gran parte del periodismo especializado mantenía respecto al trío efervescente. Así, la vieja guardia, autodesignados guardianes del fuego sagrado, se muestra por momentos condescendiente y hostil ante una juventud descontracturada que baila sobre todo lo que es considerado sacro.

“Desde los orígenes del movimiento, la filosofía del rock argentino se asentó sobre la antinomia música progresiva/música comercial, y ese credo no solo alcanzaba a los músicos, sino también al público y a los periodistas”, expone el autor.

“Cuando a comienzos de los años 80 aparecen los grupos que lideraron la renovación, todavía no se había producido un recambio generacional en el ámbito periodístico. O, en todo caso, era incipiente. Hay que tener en cuenta que en Argentina, las transformaciones que produjo el punk en el rock mundial llegaron con un delay de tres o cuatro años. Hasta la aparición del CD, los discos que llegaban desde Estados Unidos y el Reino Unido, salvo excepciones, lo hacían con meses y hasta años de demora. Mientras en Europa el punk era un furor, en Argentina el género en auge era el jazz rock”.

“El caso de Virus es particularmente emblemático porque el grupo se formó a finales de 1979. Por eso, en los festivales en los que compartía cartel con artistas como Litto Nebbia o Spinetta Jade los cagaban a piedrazos. Soda aparece dos o tres años después, y ya disfruta de un nuevo público y de una escena completamente distinta a la de 1981, no solo porque empieza a levantar vuelo en paralelo con la llegada de la democracia; es también el momento en el que el rock argentina entra a la discoteca, algo impensado hasta ese entonces. Es cierto que en sus comienzos Soda fue tildado de grupo frívolo, pero eso empezó a cambiar con “Nada personal”. Y “Signos” fue el disco que terminó con los prejuicios. El éxito de Virus, Abuelos, Los Twist y Soda obligó a la vieja guardia periodística a replantearse sus convicciones a la hora de analizar la música de la nueva camada de grupos”.

Para la segunda mitad de la década la prensa había dejado de resistirse ante el fenómeno Soda. Por entonces ya había ocurrido un cambio de paradigmas. La vieja guardia del periodismo dejaba paso a nuevas plumas entrando en juego otras formas de pensar a la cultura rock.

Según explica Giordano: “alrededor de 1986, cuando las bandas argentinas comienzan a crecer en América Latina, la marea había cambiado, y el periodismo ya escuchaba con otras orejas. Pero además, y esto es importante, no hay que perder de vista que, a esa altura, las discográficas pagaban jugosas pautas publicitarias en las revistas y radios de la época para promocionar a sus artistas. Juan Manuel Cibeira, director de la revista Pelo, me lo confesó cuando me dijo que la revista no solo apoyaba a los nuevos grupos por la renovación que estaban liderando sino también porque vendían muchos discos”.

Presentación de Uniendo Fisuras: sábado 2 de noviembre, 18hs en el Espacio Cultural Universitario, San Martín 750, Rosario

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