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Sabana-Grande

¿Y por qué ya no es como antes?

Esta es una pregunta que tiene mil respuestas, porque son mil también las interrogantes que de ella surgen. En mi caso, la he escuchado con relación a los oficios que he desempeñado y por los que la gente me conoce, o me ha caracterizado. La música y la publicidad. La verdad es que nada es como antes, eso es constatable por cualquiera de nosotros. En el caso de la publicidad podría argumentar que han cambiado los estándares, los patrones, o las referencias por las que se guiaba esa industria. Solía ser ejecutada por un grupo de los más talentosos y habilidosos profesionales. Creativos y creadores de agudeza particular, con conocimientos y remuneraciones proporcionales.

El apogeo de la industria se convirtió en el inicio de su crisis. Funcionaba tanto y tan bien, que todos querían participar, pero no todos podían hacerlo, era necesario encontrar una publicidad más económica, más ajustada a los presupuestos de “el anunciante nuevo”. Ese torrente de sangre nueva clientelar, se correspondía con la avidez por colocar sus productos al nivel de los más prestigiosos y/o acaudalados, pero por una fracción del costo. Los medios audiovisuales e impresos, atentos a la demanda, hacían cada vez más onerosa la inversión y limitaban por consiguiente, el acceso de los más pequeños… (¿Suena familiar?). Este panorama hacía más que evidente la adecuación de los costos, lo que redundaba en menos, personal, sueldos más pequeños y el uso de talento emergente. A su vez, estos nuevos empresarios tenían mayor apego a su fortuna, por lo reciente de su adquisición y por el menor tamaño de la misma, así que pretendían supervisar todo el proceso y aprobar cualquier emolumento. Una era de locura y desconcierto.

La gran mayoría de aquellos grandes talentos se vio forzada a reducir costos, a adaptar sus creaciones al designio del anunciante de turno, comprendiera o no la tarea y los métodos. Algunos resistieron el envite, otros simplemente renunciaron y se retiraron a otros asuntos. Con honrosas excepciones, la mayor perjudicada fue la industria, seguida muy de cerca por su producto (los comerciales) y más adelante por el sujeto de su labor (el objeto publicitado).

Esa parece ser una ruta común a todos los procesos de deterioro que sufren las invenciones del hombre. El caso de la música no es más alentador. Han cambiado los estándares y cada día se hace más complejo el acceso a los medios de difusión y promoción. Cada vez hay más música que intenta ingresar a la ficticia lista de popularidad, que en el mejor de los casos, nos dice qué ha podido ocurrir en el pasado, en un determinado momento y circunstancia, un poco como en las encuestas. El espectador desprevenido, acostumbrado a recibir una dosis más que a procurarse su medicina, no sabe cómo seleccionar, con cuáles parámetros. Se deja llevar por “la tendencia”. Es confuso, profundo y oscuro el abismo. (Hablo de Venezuela, claro…)

Guillermo Carrasco @vosto

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