Zulu

Zulo presenta “Ocho canciones en español”

Osvaldo Zulo, ícono del circuito subterráneo rosarino, presenta su primer disco solista.


Osvaldo Zulo es una leyenda viviente de la música rosarina. Desconfiado de lo corriente y lo seguro, siempre enamorado del riesgo y el bardo, es una leyenda viva forjada a un fuego constante de maquetar, grabar, colgar, tocar y repetir el proceso una y otra vez, a un costado de las vías habituales que otros eligen.

Sin hype, ni autobombo; alejado de los sellos que rosquean; sin radios, televisión ni revistas en su esquina, Zulo es una usina sónica que ruge sin pausa.

Abocado a la música desde hace dos décadas (probablemente más tiempo ya que es imposible imaginárselo sin su guitarra) su catálogo salvaje aborda sonidos como el post-punk, noise, hardcore, surf rock, post hardcore, new wave, college rock, art punk, power pop, kraut, experimental y la enumeración de tags podría extenderse mucho más.

Curioso, insomne y urgente, sus proyectos se aglutinan bajo grupos como Los Daylight, Operativo Exposición Total, Los Impedidos, Desesperanza, Sistema de Sonido Descontrol y su estadio actual, Víctima del Vaciamiento, que tuvo edición internacional desde EEUU mediante el sello Fuzzy Eyed Records.

Si algo faltaba en la leyenda creciente de Zulo era un capítulo dedicado a un disco perdido.

A través de las décadas son incontables los casos de míticos álbumes que nunca terminan de publicarse. “Smile” de Beach Boys, “Toy” de David Bowie, “Neu 4” de Neu! son unos de los pocos casos que vienen al imaginario de discos extraviados.

Gracias a la mística (y marketing) del anhelo, el sistema capitalista siempre entrega, eventualmente, lo perdido.

Se trata de obras perdidas o extraviadas por diversas razones. Negligencia, indulgencia, locura o pereza pero también hay casos de incendios voraces. En el caso de Osvaldo Zulo, pueden ser varias las razones por las que su disco casi se pierde en la nebulosa: cuelgue, detalles faltantes, una agenda apretada, negociaciones entre artista y productores. Pero todo eso se vuelve irrelevante cuando finalmente la obra se termina y se comparte como acaba de suceder.

La espera de años por el famoso ‘disco solista de Zulo’ terminó hace unos días cuando “Ocho canciones en español” apareció en las plataformas de streaming a través de Tesla Contenidos.

El equipo que acompaña a Osvaldo está integrado por un seleccionado de la escena independiente rosarina: Charlie Egg (DJ, productor, líder de Sinapsis) en programaciones, sintetizadores y guitarras, Ignacio Molinos (Matilda, Tensión, Nacho & El Robot, compañero de Zulo en Los Daylight) en bajo y sintetizador, Pablo Jubany en piano, guitarras, saxo y sintetizadores, Roque López (Jubany) y Esteban Manino (Aguas Tónicas y Conecticud) en bajo, y finalmente, Franco Santangelo (Carmina Burana, La Paz Ciencia y otro Daylight) en coros.

Zulo estuvo a cargo de la voz, guitarra, bajo y sintetizadores, además de escribir todas las canciones. Egg y Jubany oficiaron de productores y fueron ellos mismos los responsables de la premisa de hacer un disco solista íntegramente escrito y cantado en castellano.

A través de años, bandas y estilos, Osvaldo Zulo siempre disparó canciones en inglés. Apostando a encriptar el mensaje, el imaginario de este antihéroe se compone de psycho killer, aliens, aventuras narcóticas por ciudades semi muertas, misantropía bubble gum, comportamientos antisociales, pero también muchas historias sobre amores frustrados, amistades, complicidades criminales/artísticas y padecimientos de un universo introspectivo que a veces desea romper sin mucho éxito.

Si bien Zulo supo cantar en castellano en otras movidas (Operativo Exposición Total y en Sistema de Sonido Descontrol), su cantera de canciones evidencia una abrumadora mayoría de letras en inglés. Esa elección se debe a que ese idioma le resulta más sencillo al momento de armar un tema. No hay mucha vuelta para darle ni mandarse en una cacería de segundas intenciones. El hombre de lentes gruesos siempre argumentó que lo sintético del inglés era ideal por rápido y efectivo.

Cuando comienza la reproducción de “Ocho canciones en español”, la sensación es extraña. Es una voz más áspera de lo habitual. Bajando un par de cambios la garganta de Zulo asoma más cavernosa y vulnerable. A medida que el oyente va entrando en la sintonía de este Oswald en castellano el terreno se vuelve habitual. Se trata del antihéroe que desde hace veinte años acompaña nuestras vidas. Lo hizo desde diferentes etiquetas, nombres y formatos, pero siempre fue él. En cassette, CD, MP3, MySpace, Purevolume, Bandcamp, Spotify y de vuelta al cassette, Zulo siempre fue Zulo. Siempre fue creciendo, adquiriendo mayor velocidad, refinamiento, desgano, actitud y deseo de producir más.

Zulo siempre fue él mismo y estuvo en nuestros oídos con sus canciones. Por eso, más allá de los idiomas, lenguajes estilísticos y formatos, “No me digas nada”, “Es lo que hay”, “Distancia” y “nunca te necesité” son criaturas propias del tipo que formó un camino único bajo su propia ley.

El disco se compone de canciones de actitud ‘no jodan más’, ‘ya sé’ y ‘soy así, qué querés’, que ofrece las posibilidades de tomar esas letras con toda literalidad pensando que habla de sí mismo todo el tiempo o que interpreta un personaje ficticio especialmente creado para este disco en español. Pero nada es tan fácil con Osvaldo

Zulo no ofrece la comodidad de finales felices donde las lecciones se aprenden y todo cierra entre sonrisas, seguridad y esperanza perfumada que da pie a otro capítulo de la misma paleta idílica. Tampoco es tan real el misántropo que eleva el “society makes me sad” de Johnny Thunders a su propio nivel de “society makes me sick”.

Inconmensurable y de corazón enorme, Osvaldo Zulo entrega un capítulo más del audiolibro sónico que hace a su leyenda. Se garantiza que una escucha no es suficiente. El play será recurrente, una y otra vez.

Zulo

Zulo frente al espejo

Un poco de historia

La idea original para el álbum surgió alrededor del año 2012 entre el trío responsable: Zulo, Jubany y Egg. Las tres partes acordaron hacer un disco diferente y único en la robusta discografía del creador de temas como “Something wrong with weather conditions”, “I wont even remember your name” y “Something about her”.

Dichas canciones, sin dudas, entran en la consideración de clásicos para los seguidores que aprecian cada paso del profuso músico, pero que constituyen un enigma para una porción considerable del escenario musical rosarino. Por eso la idea iniciática era crear un disco accesible para un público amplio y algo alejado del circuito underground. Antes de tener siquiera un título definido desde el vamos el objetivo fue lograr una pieza que sea introductoria para una nueva audiencia y que además funcione como herramienta demostrativa para otros colegas.

“Apareció una idea de hacer el Transformer de Osvaldo. Trazamos un paralelismo con Lou Reed, ya que tiene una serie de discos muy valorados por cierta élite pero que resulta inescuchable para otros. En un momento, tomando las canciones de Lou, Bowie y Mark Ronson hacen un disco a la medida de una cosa más popular y abierta. El blueprint era ese, al principio”, recuerda Pablo Jubany sobre los primerísimos esbozos de la aventura musical.

“Quería tener el disco justo por si llega esa ocasión en que alguien viene de afuera y te pregunta por qué Zulo es un grande”, explica Carlos Pezzoto alias Charlie Egg. “Si le tengo que mostrar un disco suyo a alguien del mundo real, creo que este sería un buen ejemplo de Zulo y todo su rango”, agrega el productor.

En 2016 empezaron las sesiones de grabación del disco. En el trío hubo algunas idas y venidas hasta acordar en algunas premisas básicas para llegar al resultado esperado. Jubany y Egg pusieron un empeño especial en buscar canciones pop de tres minutos. Desde allí llegaron los arreglos y distintas estrategias de producción. Se trató de buscar matices, obteniendo canciones algo más lentas a las revoluciones de un minuto o noventa segundos que caracterizan la última etapa de Zulo en Víctima del Vaciamiento.

Con ideas muy diferentes acerca de la tarea de concretar un disco, la realización de las ocho pistas se tradujo en una negociación artística constante, con Egg y Jubany estableciendo un criterio claro por el cual desandar la aventura: nunca comprometer la identidad artística de Zulo y lograr una tímbrica diferente en sus canciones en castellano.

Las locaciones se fueron moviendo entre las maquetas caseras de Zulo y los estudios de Egg y Jubany. El proceso se extendió por meses, con los productores trabajando de manera detallada en cada canción.

Mientras que Jubany se zambulló en más de trescientos recortes de maquetas que Zulo tenía en carpeta, una vez concluidas las canciones Egg tomó la vanguardia con la mezcla y mastering.

En medio del proceso, por supuesto, los roles fueron amoldándose a la situación creativa de un disco de maceración artesanal.

Al esfuerzo del trío original se fue sumando el aporte de otros colegas del planeta zulo (y no tanto) según la demanda de cada pista. Así fueron apareciendo las colaboraciones de Molinos, Manino (AKA El Gato), López y Santangelo.

La lista de camaradas que aportaron al disco se completa con David Gustafsson, baterista de Los Impedidos, que en su rol de fotógrafo se encargó de las imágenes que ilustran y acompañan al álbum.

La presentación oficial para “Ocho canciones en español” todavía no tiene una fecha confirmada, pero desde los pasillos de Tesla imaginan una probabilidad para septiembre. Mientras tanto, el disco se encuentra en todas las plataformas de streaming y en Bandcamp puede descargarse de manera gratuita.